La Catedral Rojiblanca

EL DIA QUE EL FÚTBOL MEXICANO LE LLORO AL NECAXA

 

El domingo 18 de abril de 1943 concluía el campeonato 1942-1943 de la entonces Liga Mayor del futbol mexicano. El campeón se conocía ya, era el Marte; el subcampeón el Atlante y los Electricistas con una victoria amarrarían el tercer lugar. Sin embargo, aquel partido en el Parque Asturias era histórico por otra cuestión. Era el último juego de la época amateur de nuestro futbol y además se trataba de postrera actuación del Necaxa. En efecto, el equipo rojiblanco –cuatro veces campeón de Liga (32-33, 34-35, 36-37 y 37-38) y otras tantas campeón de Copa (24-25, 25-26, 32-33 y 35-36)– era un equipo de prosapia, de época, de masas, que embelleció como pocos el futbol nacional, había decidido que no ingresaría al profesionalismo y se retiró.

Desde que culminó la temporada 1941-1942

algunos presidentes de equipos habían mostrado su interés por dejar de ser una liga amateur. En ese entonces, Necaxa y Atlante se opusieron a esa determinación. El presidente de los Electricistas, el ingeniero César Pedrazzi, dijo en ese entonces que si el futbol en México se hacía profesional “el Necaxa nada tenía que hacer ahí”. En abril de 1943, con el tema más maduro, se insistió en dejar el amateurismo del futbol mexicano.

Comúnmente los presidentes de los ocho equipos que conformaban la Liga Mayor se reunían una vez a la semana. El 7 de abril sin la presencia de los presidentes de Necaxa –después alegó que no fue invitado–, del Moctezuma y del Jalisco, los cinco restantes anunciaron a los periódicos que el futbol mexicano se volvería profesional a partir de su próximo certamen; también informaron que los equipos tapatíos Guadalajara y Atlas se unirían a la Liga y que el Parque Asturias seguiría siendo sede del futbol capitalino con el módico 20% de las entradas de cada juego por concepto de renta. Ahora, el presidente del Atlante dijo que era “indispensable” pasar al profesionalismo.

Ante la firme postura del Necaxa de retirarse, el general José Manuel Núñez del Atlante, César Martino del América, Paulino Coto del Asturias, Fernando Fuentes del Marte y José Gómez del España ofrecieron una comida a los reporteros de la fuente. En esa comida de “amigos” el presidente de América dijo “no hay jugador en México que vaya a entrenarse si no antes se le ha pagado su quincena”. Con esto justificó su idea de convertir al futbol mexicano profesional.

El día 15 de abril de 1943, la directiva del Necaxa mandó una carta a la Liga Mayor para anunciar oficialmente que se retiraba. La noticia no se filtró en los periódicos. El viernes 16 hay un previo en La Afición sobre el juego del domingo entre España y Necaxa y no se menciona nada de la carta del Ingeniero César Pedrazzi. Sin embargo, el sábado 17 la noticia fue portada de dicho periódico deportivo; incluso, hay una entrevista de Antonio Andere, vía telefónica, con el presidente necaxista.

Ante la incredulidad del reportero, Pedrazzi contesta “Sí señor, el Necaxa se retira del futbol”. Para enseguida explicar las causas “simplemente consideramos que la misión deportiva del Necaxa ha terminado”. Finalmente, el ingeniero hace un silogismo “así es la vida: unos clubes entran, otros se van. Otros nos vamos, mejor dicho”. Con respecto a que “había terminado la misión del Necaxa” no hay que olvidar que la fundación del Necaxa, al igual que los otros clubes que fueron su origen como el Luz y Fuerza y el Tranvías, tenían como objetivo ser parte del programa recreativo de la compañía de Luz y Fuerza del Centro para sus empleados. El profesionalismo no entraba en sus planes.

Los periódicos del 18 de abril de 1943 anunciaban el retiro del Necaxa. Pero mantenían su incredulidad sobre el hecho, como lo muestra Excélsior: “a juzgar por la determinación tomada por la junta directiva del Necaxa, éste hace su último match ante la afición metropolitana, porque se retira de la Liga Mayor definitivamente”. El público en cambio llenó el Parque Asturias para despedir al equipo de sus amores.

Ernesto Pauler, el legendario exportero austriaco de los rojiblancos, ahora en su papel de director técnico arengaba a un equipo deshecho anímicamente. Mientras el Gigante del Volga hablaba, los jugadores escuchaban “con la barbilla pegada al pecho”. Eran la misma imagen de la desolación. Pauler “sacudió intensamente sus fibras más sensibles y arrancó las lágrimas de sus ojos”. Sí, lloraban los jugadores del Necaxa y así, con “los ojos húmedos salieron al campo” del Asturias para enfrentar al España.

De hecho, en el ambiente de las tribunas del frotaba un ambiente de tristeza. Hasta que comenzaron a salir los equipos. Primero lo hizo el conjunto albinegro que fue saludado por su público. Cuando el Necaxa asomó al campo “se escuchó un potente grito en la tribuna de sol” de parte de la afición rojiblanca. Los once que pasarían ese día a la historia eran: Salvador Mota; Antonio Azpiri y Ambriz; Mendoza, Gómez y Perico Vera; Orvañanos, Cervantes, Aguilar, Luévano y Baldomero. Los jugadores iban cabizbajos, el portero Mota arrojó el balón al campo y algunos dieron un breve trote persiguiendo el esférico, pero sin levantar la vista.

Antonio Azpiri fue buscado por un reportero de radio para que diera sus impresiones sobre el retiro del Necaxa. El llamado León de Orizaba sólo alcanzaba a balbucear y se encontraba “intensamente” pálido. La tribuna de sol lo llamó, sabían perfectamente que ese jugador había pasado toda su vida futbolística de rojiblanco, cuando Azpiri se acercó a la tribuna, los “soleados” le echaron una porra y el jugador, sin perder su cara de tristeza, sólo atinó a levantar su brazo derecho para agradecer la ovación y el cariño de la afición necaxista.

El juego comenzó. A los 19 minutos el España se puso en ventaja con un gol de Larrinaga a pase del Gallito Gallardo. El 2-0 para los albinegros vino al minuto 26 ahora con un remate de cabeza en tiro de esquina del mismo Larrinaga. El Necaxa no estaba en el campo, por lo menos no en alma, quizá sólo en cuerpo. Sin embargo, al minuto 38, Luévano disparó al arco enemigo y para su fortuna el balón fue desviado por el defensa Manero para un claro autogol. Era el 2-1 que sólo duró 4 minutos, pues al 42 Larrinaga logró su hat trick con un disparo raso. Así terminó el primer tiempo, en un gran silencio en el Asturias. El 3-1 en favor del España era una anécdota; por la mente de la gente pasaba la funesta realidad de que sólo quedaban 45 minutos de su amado Necaxa.

En el vestidor, Lorenzo La Yegua Camarena quiso animar a sus compañeros, les recordó que en la primera vuelta de aquel campeonato de 1942-43 también al medio tiempo Necaxa perdía 3-0 con España y el partido terminó 3-3, pero “fracasó”, nada animaba a la oncena rojiblanca. Lo harían los goles. Al 59 el portero Sanjenís del España cometió un error al soltar un balón por alto, que el Cachetón Aguilar empujó con el estómago para el 3-2. Con el impuso de su público Necaxa fue por el empate; Cervantes cedió al extremo derecho donde estaba Baldomero, quien mandó un centro al área, ahí Orvañanos de cabeza conectó el balón y lo puso en la base del poste izquierdo de Sanjenís. Sí, 3-3 y había “borrachera de contento” en la tribuna necaxista y “borrachera general en los maderos” coincidían La Afición y Excélsior.

A los 75 minutos, Baldomero inició otro ataque, había que ir por la victoria, mandó un centro que Cachetón Aguilar de “un punterazo” conectó el balón y lo mandó al fondo de las redes de la portería del España. El Necaxa le daba la vuelta al marcador, se quedaba con el tercer lugar general de la liga; todo era felicidad. Hasta que Arnulfo Lara sonó su silbato por última vez. El partido concluía. La historia futbolística del Necaxa en la Liga Mayor también. Había lágrimas en el campo y en las tribunas. Luévano y Baldomero lloraban abrazados, pronto Aguilar y Cervantes llegaron a consolarlos. Le lloraban al Necaxa, a su historia gloriosa y su futbol exquisito, a su elegante uniforme de inmaculados colores que fue usado por algunos de los mejores futbolistas de 1921 a 1943. El Necaxa era, ese 18 de abril de 1943, el mejor club de futbol de México y se iba; en ese entonces se pensó que para siempre, pero regresaría el nombre y los colores, pero no su gloria. Pues los grandes equipos de futbol, los que dejan una huella imborrable, esos nunca tiene una segunda oportunidad en la faz de la tierra. El Necaxa se fue aquel domingo de 1943 y lo que realizó por el futbol no se fue ese día, ni nunca. Pues la grandeza es eterna, para toda la vida.

FUENTE: entrevvero.blogspot.mx

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