La Catedral Rojiblanca

EL NIÑO POPOFF: MANOLO LAPUENTE

 

Por: Juan Carlos Igartua

La Catedral Rojiblanca recuerda hoy a otra gran LEYENDA NECAXISTA de los sesentas: Manuel Lapuente.

Manolo llego a Necaxa procedente de Monterrey donde nunca dio el estirón y de inmediato se convirtió en el goleador del equipo, haciendo una mancuerna inolvidable con Javan “El Popeye” Marinho. En los tiempos en que el equipo se hizo famoso por “Los Diez Minutos del Necaxa”

donde del 35 al 45 revertía marcadores en forma inverosímil, Lapuente aporto gran cantidad de goles.

El 6 de marzo de 1967 se publica esta entrevista realizada por el tocayo Juan Carlos Neri que hoy revivimos a traves de EL TÚNEL DEL TIEMPO.

Manuel Lapuente: El “Niño Popoff”

El Cañonero Mexicano del Necaxa

Le molesta que le digan “niño popoff”, aunque viva en Las Lomas y se codee con lo mejor de nuestra sociedad.

Pero a los 22 años de edad es ya el mejor goleador mexicano, y ante si tiene un panorama extraordinario.

Manuel Lapuente es el hombre de nuestra entrevista. Le conocimos en Monterrey cuando hacia travesuras con la pandilla de Roberto Scarone; algo sucedía entonces; cuajaba la jugada genial, de muchos riñones, anotaba el gol de alarido... y desaparecía poco después de la alineación

En verdad, creo que no hay explicación que aclare por completo aquellos tiempos mios con el Monterrey -se confiesa-, me alentaban los aficionados, me aconsejaban buenamente mis compañeros, pero en realidad faltaba un espíritu colectivo de lucha y muchas cosas no salian como todos esperábamos; allí estaba Lostanau, y el bueno de Fello Hernández, Terron, Lama, en fin, toda la pandilla. Pero el estirón final nunca lo dábamos Y así pasaba el tiempo. Me pareció entonces que no tenia yo la suficiente oportunidad de alinear con cierta regularidad, pero de ningún modo reniego de haber vivido aquellas experiencias en esa hermosa ciudad. Si bien una hepatitis me mando a la cama y acabe por volver con los mios.

Al fin tuve la ocasión de libertarme, y retornar a mi México, aunque algunos me creyeron norteño, por razón fácil de suponer. Vino la oferta hecha por el Necaxa, y acepte el trato. De inmediato encontré una camaradería vivaz, sentida y presentí que algo bueno tendría que resultar de aquello, tanto para el club como para cada uno de los integrantes.

En realidad todo salio bien, excepto que no logramos alcanzar a los lideres del campeonato. Yo empecé bien y para septiembre del año pasado ya tenia hechos siete goles. Siempre he tenido una especial facilidad para colarme a la zona de gol, y hacer las anotaciones. Me dicen que llevo conmigo un cierto tono dramático en mis entradas al area chica, no se, yo me limito a echarle valor al asunto, y la mayor parte de las veces todo sale bien.

Eso si, como delantero que gusta de entrar a conseguir su objetivo, tengo dificultades con algunas defensas; para no citar mas que a dos, hablare de los hermanos Loza Gil y Efraín del León; son dos auténticos mastines y bastantes pruebas de ello me han dado.

En casi todas las ocasiones en que nos enfrentamos, me pegan hasta decir basta. Usted sabe, los delanteros en los tiempos que corren, estamos un tanto en desventaja sobre los que defienden. Todos vimos el trato criminal dado a Pelé en el Campeonato Mundial de Londres, eso, como muestra de lo que nos sucede a todos los integrantes de los cuadros ofensivos.

Pero así es esto, y como todo, también tiene su aspecto positivo; ninguna sensación mas placentera para mi, que estrellar el balón en las redes. En cuatro años mas terminare mi carrera de Ciencias y Técnicas de la Información, en la Universidad Iberoamericana.

Es aun pronto para saber si al termino de mis estudios dejare el fútbol, quizá no, porque lo llevo muy adentro. Esto después de que hace tiempo cuando viví en Estados Unidos de Norteamerica, me apasione por el fútbol americano, y también por la natación

Hoy, Lapuente es un distinguido anotador, y ha entrado plenamente en la gran sociedad del fútbol Aunque le disguste que lo consideren un “niño popoff”.

FUENTE: Deporte Ilustrado, 6 de marzo de 1967. Numero 168

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